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Imagen de la noticia Acerca del lenguaje inclusivo y los trabajos académicos

Los trabajos académicos deben ser realizados conforme las reglas de la lengua. En este sentido, la RAE nos brinda las indicaciones sobre el correcto uso del lenguaje.

Sin embargo un movimiento altamente ideologizado ha pretendido imponer una forma de uso del lenguaje que atenta contra la clara lectura y el concepto de "economía". Es el denominado "lenguaje inclusivo", y es hijo de un desconocimiento rotundo del español y sus herramientas, entre ellas el género no marcado, el número no marcado y el tiempo no marcado.

En el idioma español, cuando construyo una frase en que un adjetivo debe concordar con dos sustantivos, uno masculino y otro femenino, necesito que ese adjetivo vaya en uno de los dos géneros. Uno cualquiera, en principio. Lo que no puede es no ir en ninguno, o ir en los dos, porque su presencia simultánea es incompatible en una sola forma. Sí puede, pero no debe, duplicarse el adjetivo, porque ello atenta contra un principio fundamental en las lenguas que es el de la economía, al que también podríamos llamar “del mínimo esfuerzo”. Así, no nos queda más remedio, en nuestra lengua, que decir los árboles y las plantas estaban secos, con el adjetivo en masculino. ¿Por qué? Porque el masculino es el género por defecto, es, frente al femenino, el género no marcado.

Del mismo modo, si una persona tiene tres hijos y dos hijas, dirá, interrogado acerca de su prole, que tiene cinco hijos. No dirá que tiene cinco hijos o hijas, ni cinco hijos e hijas, ni cinco hijos / hijas.

No es el masculino el único elemento no marcado del sistema gramatical. Igual que en español hay dos géneros (en otras lenguas hay más, o hay solo uno), hay también dos números, singular y plural (en otras hay más, o solo uno), y el singular es el número no marcado frente al plural. Así, del mismo modo que el masculino puede asumir la representación del femenino, el singular puede asumir la del plural. El enemigo significa, en realidad, ‘los enemigos’. Sumando ambas posibilidades de representación puedo decir que el perro es el mejor amigo del hombre para significar, en realidad, esto: ‘los perros y las perras son los mejores amigos y las mejores amigas de los hombres y las mujeres’. ¿Se entiende ahora un poquito mejor en qué consiste el mentado principio de economía?

Hay tres tiempos verbales, y uno de ellos, el presente, es el tiempo no marcado frente al pasado y el futuro. Prueba de ello es la capacidad que tiene para suplantarlos: Colón descubre América en 1492 significa en realidad ‘Colón descubrió América en 1492’, y mañana no hay clase significa ‘mañana no habrá clase’.

A pesar de lo cual, que yo sepa, no ha surgido por ahora ninguna Plataforma Ciudadana en Defensa de la Intolerable Discriminación del Plural, ni tengo noticia hasta el momento de la existencia de una Asociación Pro Visibilidad del Futuro, frente al Abusivo Presentismo Lingüístico.

Hay un tercer grupo que me interesa especialmente: es el de los nombres llamados epicenos; los epicenos tienen un solo género gramatical, pero sirven para referirse tanto a seres de sexo masculino como a seres de sexo femenino. Ahí se ve muy bien que no se deben identificar género gramatical y sexo. Pues bien, hay muchos nombres epicenos que son femeninos, lo que supone una muy modesta compensación al avasallador poder del masculino como género no marcado. En una persona, una criatura, una víctima, una figura, una eminencia. El femenino asume la representación tanto del masculino como del femenino. A ningún hombre se le ocurrirá sentirse discriminado por ello. Faltaría más.

Hay otro ejemplo muy bonito, y de más calado. En italiano —una lengua hermana de la española, y hablada por un pueblo a menudo tildado de masculinista o de machista— un pronombre femenino, Lei (literalmente ‘ella’), se utiliza con el mismo valor que nuestro usted, es decir, asume, en el tratamiento de respeto, la representación tanto de un hombre como de una mujer. Bien pensado, otro tanto le ocurría al antecesor de nuestro usted, la forma vuestra merced, con esa visible marca femenina en el posesivo, en consonancia con el género femenino de merced.

Resulta, por estos motivos, inaceptable el uso de la barra (el/la alumno/a) no sólo por innecesario, sino por lo profundamente tedioso que resulta en la lectura; y mucho más inaceptable el uso de la @, la "x" o la "e" para intentar generar un género no marcado que, como vimos, existe desde siempre.

- Gran parte de este texto es un extracto de un artículo de Pedro Álvarez de Miranda. Catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Real Academia Española. Fuente: https://elpais.com/cultura/2012/03/07/actualidad/1331150944_957483.html




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